Aquello en lo que tan fervorosamente creíamos, se puede desvanecer en el aire. Nos desilusionamos y sentimos dolor y angustia.
Sin embargo, no advertimos que la des-ilusión es parte de nuestro constante proceso de aprendizaje. Nos liberamos de una ilusión, de una imagen falsa a la que nos aferramos en nuestro ensueño. La desilusión es, pues, liberadora. Si es que estamos dispuestos a no dejarnos esclavizar por otra ilusión que se apodere de nuestra vida.
Doloroso, por cierto, como lo es la experiencia vital. Un camino en el que debemos aprender que todo es impermanente.
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